ÁNGEL CUESTA


ENTRETIEMPO

Entre otoños
suelo amarrar mis barcas
al sutil vaivén de las mareas.
Escojo una tarde
con luz naranja y hojas rojizas
y ensayo devaneos tranquilos.
Así paso los días
entre sonrisas
y serenas bienvenidas
a tiempos, pasos,
ojos y manos
llenos de vida recién.
Llegado el invierno
empiezo a echar de menos
aquellos destellos sincopados.
Escojo una tarde
oscura, fría
y ensayo profundidades amargas,
dejadas
el alma me hace huelga
y la alternativa es mortal.
En plena inentidad
atropella  la primavera.
Escojo otra tarde
cristalina, radiante
bella
y ensayo primaveras
que es soñar fuera
dormir dentro
y esperar despierto
con qué te bienvenirán.
En esta efervescencia
atraca el verano cegador.    
Escojo una tarde nueva
luminosa, sonriente
y subo en mis barcas
la selección de estados
aparejos y símbolos
que decidí llenar.
Salgo fuera, muy fuera
todo lo que pueda
y vuelvo con los ojos llenos
los labios resecos de la experiencia
los tiempos a borbotones,
y se me caen detalles
de las manos abiertas
que no puedo volver a encontrar.
Hasta que una tarde
amarro mis barcas
al vaivén de las mareas.
Como los lobos, los castaños
los prados y las chimeneas
vuelvo a empezar.
No sé qué traerán
éstos entretiempos
y aunque sean repetidos,
si algún día veis
que pierdo el paso
y no sigo la cadencia
de los lobos
los castaños,
los prados
o contradigo a vuestra chimenea
dejadme amablemente
sobre la tierra.
Ella no olvida.
Me acunará tan suave
que no podréis verlo,
murmurará     sus      nanas
amonestando     mi error,
y seré       de nuevo
puro      entretiempo.

1 comentarios:

E. Martí dijo...

Bonitos entretiempos cargados de tardes acuarelas, de sorpresas por abrir, de viajes a punto de ser vividos.
Bienvenidas esas horas que multiplican sus encantos dejando paso a otras más rojizas y entrañables.
Qué maravilloso es vivir y percivirlo, contemplarlo...
Besos, amigo.

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