CARMEN CABEZA



VIOLINES


Hábiles bocas de luthiers
fueron lamiendo su cuello,
el mástil,
ascendieron  despacio
al barniz impecable de su ceja,
tallaron su cuerpo hasta lograr
la escotadura más esbelta...


El primer gemido
desgranó un registro estridente
de platos chinos
-salsa agridulce
en brotes de primavera-
sollozos de Verlaine en el otoño
y violas anegadas
desafiando el hielo.


Más tarde afinó su clave oval
-violines de Cremona,
Venecia sumergida
en vibratos agudos-
gatos verdes que arañaban sus cuerdas
hasta rasgar la noche
en maullidos en celo.


El arco ceñía su cintura
de nuevo,
una y otra vez,
hasta extraer el placer más intenso,
el trémolo más alto,
la nota más aguda...

2 comentarios:

E. Martí dijo...

Cómo sabe mi niña de la música y los placeres que desgranan las notas de un violín... suaves melodías arrancadas a lo más profundo... De la mano, a la garganta. De la garganta al alma y viceversa, llora el violín, cantan los sentidos...
Bello poema, amiga. Un besito

Jesús Moreno dijo...

Éste es precioso. Cargado de armonía; también guarda sabor...

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